Bienvenidos a La Ruta del Hygge.
Loading advertisement...
Preload Image
Up next

Video title

Cancel
Turn Off Light
Auto Next
0 Comments

Bienvenidos a La Ruta del Hygge.

Fin del verano de 2012, cuando el año escolar comienza en el hemisferio sur, mi pequeña hija de 6 años y yo nos mudábamos a un nuevo lugar. Las opciones eran quedarnos en la ciudad, o dirigirnos al sur hacia un ambiente más provinciano, menos agitado y con una mayor calidad de vida. En esta ocasión la balanza estaba inclinada hacía la vida en la ciudad.

Sin embargo, había que traer “la magia del sur” a nuestro hogar: jornadas de lectura, conversación, juegos de salón, tardes de dibujos y pintura, contar chistes, hacer deberes escolares, y también de ver películas en calcetines tapados con una manta. . , dejando migas por alguna bollería dulce y café con leche a media tarde, lo que sería un deleite para las hormigas si no fuese por el consiguiente rigor por el orden y la limpieza del espacio. Mantener un par de mantas al lado del sofá y una reserva de galletas dulces en la despensa era una premisa nuestra en Oasis.

Un año y medio después, nuestro mini templo recibiría un nuevo feligrés: mi novia, quien nos visitaba a menudo sumándose a nuestras jornadas de retiro espiritual permanente con olor a té con canela y galletas de navidad.

Descubriendo Hygge

Un día de 2015, mi novia me dice “ Mira, encontré una palabra para lo que hacemos en esta casa, pero no sé cómo se pronuncia ” – La palabra era el tema central de una nota de la BBC titulada ‘ Hygge: el secreto de La felicidad de los daneses’ .

Lo más cercano a los daneses en aquel entonces era Lili, mi amiga de la universidad que para ese momento llevaba casi 15 años viviendo en Estocolmo tras un breve paso por Copenhague. La contactamos, al menos para que nos cuenten de qué se trataba, y de paso, digamos cómo se pronunciaba. Nos parecía maravilloso que existiera un nombre para eso desde el siglo XIX.

Aunque el concepto ‘ Hygge ‘ tiene su raíz en Noruega y Dinamarca (países que alguna vez fueron uno solo), la experiencia que se describe como tal no es exclusiva de dichos países y es posible vivirla y sentirla en todas las latitudes. E incluso recibe otros nombres en más de alguna otra cultura.

Me atrevo a decir que tampoco se trata de una experiencia que viene del siglo XIX. Tras la invención del fuego, tribus enteras se juntaban por las noches alrededor de una fogata buscando protección, calor, paz y comida –¿No les es familiar esa descripción? – y sin haber inventado aun la escritura más de alguna buena historia se debe haber contado junto al fuego interpretando las pinturas rupestres de las cavernas.

Un Hygge prehistórico.

El matrimonio de arqueólogos y paleontólogos norteamericanos, Kathleen O’Neal y Michael Gear han dedicado su vida a la investigación y difusión de la cultura prehistórica de América, desde la era del hielo hasta una época posterior a la colonización europea. Su obra nos ha sido entregada mediante atrayentes novelizaciones de sus innumerables hallazgos en décadas de investigación.

A través de sus obras, es posible apreciar la importancia que le daban aquellos aborígenes de tener los espacios y las instancias de paz, quietud y confort. Aquello propiciaba la atención de la tribu para perpetuar su existencia a través de la transferencia oral de historias y tradiciones. Y si, es muy posible que ellos hayan estado haciendo Hygge en una manera muy, pero muy prehistórica, con la diferencia que hoy nos sentimos mejor porque ya no hay un Diente de Sable esperando afuera de tu casa.

Al principio, pensamos que Hygge solo tenía que ver con los elementos, accesorios y la decoración con que nos rodeábamos: las velas, las mantas, los calcetines de lana, el café y esas cosas que podemos ver y tocar, combinados con aquellas cosas que son parte del momento: comer, conversar, pasar el rato. Pero al seguir hurgueteando, nos dimos cuenta de que era mucho más que eso: Que el Hygge danés es solo la punta del iceberg de una paz construida y sustentada de manera más sólida y no solo el momento de confort y alegría efímero al que solemos llamarle “felicidad”.

Un monstruo llamado ‘WHR’

Cuando nos pusimos a correr detrás de este conejo blanco con sombrero, descubrimos en un túnel a un monstruo llamado “Informe Mundial de la Felicidad” o WHR, por sus siglas en inglés de ‘World Happiness Report’, encargado de evaluar año tras año, la felicidad en más de 150 países, utilizando datos y estadísticas en diferentes factores que actúan y atañen a la sociedad de manera tangible y mensurable.

He allí el sustento numérico de por qué países como Dinamarca y Finlandia disputan codo a codo el primer lugar de este ranking cada año y por qué, países como Brasil, Colombia, Tailandia, Países Bajos, Grecia o España, países donde la gente es más divertida, figuran por debajo de aquellos en que su población es más introvertida. Y es que no solo de momentos felices se trata la felicidad, si no de extender la sensación de bienestar de manera permanente – y sólida, como insinué previamente – como si se tratase de una Religión por el Bienestar Social.

Y como si se tratase realmente de una religión, nos topamos con varios evangelistas, siendo el más conocido el danés Meik Wiking, fundador de Instituto de Investigación sobre la Felicidad y del The Happiness Museum de Copenhague, quien (y era que no) ha publicado una serie de libros dedicados al tema recopilando información por medio de su Instituto y de sus viajes personales con el fin de entregarnos una apreciación cercana de cómo es la Felicidad tanto para los daneses, como para las distintas culturas en el mundo.

Un problema nuevo.

Pero ¿por qué quedarnos aquí si ya habíamos empezado el viaje?

¿Qué podemos aportar nosotros, una Enfermera comprometida con el servicio y experta en bienestar social, y un Ingeniero Civil bueno para las matemáticas y una larga trayectoria al servicio en el Movimiento Scout enfocado en educar y guiar a niños y jóvenes?

¿Y qué si aprovechamos nuestras herramientas para promover a ‘Hygge y su énfasis en la socialización’ para impactar en políticas que permitan mejorar los índices en nuestro propio país?

– Ya estábamos pensando como los daneses: “Cuando vemos que estamos bien, nos inventamos un problema nuevo”.

La tarea no era fácil. Había que vivir el Hygge siendo no daneses. Tampoco europeos. Es más, estábamos al otro lado del mundo, y como bien escribió ToveMaren Stakkestad, traductora y escritora danesa “Hygge nunca fue para ser traducido, sino para ser sentido”. Entonces nos fuimos a la meca de la felicidad, a la tierra de vikingos y legos.

Durante estos años de ruta, no solo fuimos y volvimos varias veces a diferentes pueblos y ciudades de Dinamarca, sino que también recorrimos en distintas estaciones a sus “competidores” Suecia y Finlandia.

Compartimos la calidez de los hogares de diversas configuraciones: familias oriundas de cada país, familias de inmigrantes y familias mixtas; conocimos escuelas y sus métodos de enseñanza, su sistema de seguridad social, sus vidas individuales y en sociedad, e incluso sus defectos y manías.

Tal vez, nuestra visión como foráneos ha sido una ventaja después de todo. Nos permite experimentar como niños abriendo regalos las bondades del Hygge; pero también nos permite ser menos subjetivos a la hora de hacer nuestras propias observaciones, pues no todo lo que brilla en tierras escandinavas son luces de navidad.

El camino es mejor cuando se comparte.

Tras haber obtenido la Certificación en Estudio de la Felicidad, en The Happiness Studies Academy de Nueva York, hemos decidido que gran parte de nuestras investigaciones y avances, así como pequeñas cápsulas de conocimiento las compartiremos con ustedes a través de este blog de manera sencilla: algunas veces hemos de ser serios como el razonamiento científico amerite, y en otras, las más, de manera amena como lo harían los amigos.

Siéntanse bienvenidos a nuestra ruta de descubrimiento. Sean bienvenidos a La Ruta del Hygge .

Click to rate this post!
[Total: 0 Average: 0]

Leave your comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *